Extraño las tertulias. Esas de hablar horas de cosas interesantes en torno a un café, un traguito y un eventual cigarrillo.
Yo solía participar de ellas al caer la tarde con un grupo de amigos mayores de cincuenta y tantos…sólo por el placer de conversar.
Y no era ponerse a hablar de cualquier cosa. Ni menos pretender polemisar acerca de vanalidades o buscar el lucimiento personal. La gracia de esas tertulias era la espontaneidad con que iban apareciendo un tema tras otro, ya fuera el acontencer nacional, la política, cultura, viajes, comida o entretención.
Aprendí mucho de esos momentos. Y no sólo por el hecho de profundizar en alguna materia desconocida. Aprendí a rescatar un valor tremendo y básico de las relaciones entre pares…el escuchar.
Y sin ánimo de denostar a nadie, la verdad es que esa capacidad no la he encontrado en gente de mi generación. Y hablo de adultos. Jóvenes de treinta, que creo no comparten la delicada sensibilidad de descubrir el placer de una conversación. La máquina arrolladora de la inmediatez y celeridad modernas les impide siquiera darse cuenta que de una tertulia de aquellas se pueden obtener incluso dividendos personales…sobre todo para los que viven de contactos, cuñas y demases….ni aun asi. Menos pensar que algo tan intangible pueda conmoverles el alma.
La verdad es que en las ultimas conversaciones que he tenido con mis coetareos, puedo percibir el rictus del que se encuentra ansioso por hablar…hablar…no se siquiera si comunicar. Aun más, hay veces que las frases son incapaces de colgarse al hilo conductor que lo ligue a lo que uno dice….es mucho pedir para alguien que es incapaz de escuchar, que analice lo que uno quiere entregarle. Mas dificil aun pretender que en una sociedad tan exitista como ésta, alguien pudiese contar una experiencia intima, un fracaso, un dolor….Sólo queda espacio para la vanagloria de los propios exaservados logros.
No crean que esto es un comentario esnob…dista mucho de serlo. Los que apelan a encumbrarse en supuestas esferas academicas, pretendiendo que al hablar en dificil y descalificar a la audiencia parecerán intelectuales, no caben en la tertulia. Los verborreicos monólogos, que incluyen pasajes memorizados de algun ensayo de moda, carecen completamente de las palabras necesarias para producir la magia de ese “feed back” tan evasivo en estos dias.
Porque en esas tertulias nadie se atragantaba por sacar afuera una opinión excluyente. Nadie contaba los minutos para terminar con la espera de un espacio para interrumpir. No habia superposición alguna de las voces involucradas…cada una tenia el aire vital para emerger, sin prejuicios, sin miedo al rechazo, y con la seguridad de quedar en la memoria de cada cual.
Habia magia en esos momentos, habia historia, narrativa y poesía. Había musica y recuerdos de otros tiempos….. Habia nostalgia. Quizas esa misma nostalgia con que se empapan estos pensamientos….nostalgia que aunque duele, no incomoda; porque reconozco en mi, entonces, la huella de ellos…..mis contertulios.